Ya es domingo 7 de febrero, a una semana de la salida de Santiago. Bajo una lluvia prominente creo que es conveniente hacer un alto y contar algunas cosas que han pasado.
Luego del caudal del río Fuy, creía que no había nada más que hacer. El torrente de las aguas que vacían al lago Pirihueico, sus rápidos blancos y entornos verdes y azulinos, también mojaron mi mañana del miércoles. Sin duda una experiencia exquisita que nos enseña la fuerza de la naturaleza y de sus innumerables bondades y bellezas. Triste, sin embargo, se volvió el paseo cuando de boca de los mismos guías se nos explicaba que probablemente este sea uno de las últimas bajadas del año, debido a una central hidroeléctrica que se instalará en favor de unos cuantos, en desmedro de quienes aquí habitan y de quienes adoramos estas maravillas, así tal cual como están.
Por la tarde salimos a recorrer algunos lugares, orillando el río Enco, único desagüe del Panguipulli y para nuestra sorpresa nos encontramos con un aviso que señalaba: “Camino Privado, No pasar”. Claro, las mejores vistas y las bajadas a dicho río ahora pertenecía a una de esas familias dueñas de medio Chile. A pesar de todo realizamos un pequeño picnic, a orillas de un estero blanquecino que bajaba del volcán Choshuenco y que seguro traía el deshielo de su gran glaciar.
Casi oscureciendo me avisaron que el jueves temprano ascenderíamos el volcán, desde la reserva del Huilo Huilo, por otro “Camino Privado”. Curioso, por decir lo menos, ya que este hermoso volcán doble pertenece a una reserva nacional. Sin embargo, para acceder a él tenemos que pagar y hacer uso de un “Camino Privado” a manos de un “emprendedor” que posee más de 100 mil hectáreas de bosques, ríos, animales, comunidades y quizás cuanta cosa más.
A las 8 AM estábamos por sobre el límite de la vegetación a unos 1200 metros sobre el nivel del mar (msnm) y en la ladera este del volcán. Un sendero sencillo de una hora aproximadamente nos llevaba al primer refugio a 1700 msnm más o menos. En ese momento, sólo se podía ver nieve y nubes ya que el clima comenzaba a empeorar. Nos pusimos los crampones para la escalada. Debíamos sortear la gran lengua de hielo que baja desde la cima. El guía y una pareja de Santiago éramos los únicos 4 porfiados por tratar lo imposible. Equipados con todo lo necesario comenzamos a subir hasta aproximadamente los 2000 msnm en zigzag.
Casi al medio día, nuestro guía nos indica que tendremos que bajar. El viento blanco no nos dejaba ver a más de 10 metros de distancia y los puntos de referencia se estaban borrando. Sólo nos faltaron 400 metros, algo así como 1 hora y media de caminata. El clima decidió que hoy no veríamos la cumbre. Aún cuando era pleno febrero, la montaña nos ofrecía un clima diferente, con varios grados bajo cero, vientos huracanados, mucha nieve y hielo.
Bajando el esquivo macizo divisamos a lo lejos el poblado de Neltume, el lago del mismo nombre y el serpenteante lago Pirihueico. Más abajo, los saltos del Huilo Huilo que fueron forjados por las inclementes erupciones y el horadar del agua eterna.
Finalmente, y a pesar del tiempo malhumorado, nuestro último día en Choshuenco (Aguas Amarillas) fue de kayak y de descanso.
Antonia disfrutó de unos momentos al mando de la embarcación y Panchito enamorado de las piedrillas de la orilla del Lago, aunque siempre mucho más enamorado de Mamá.
Para terminar la semana, nos quisimos esconder en el final de estos siete lagos, justo donde nace el Río San Pedro, en el desagüe del Riñihue. Un pequeño paseo en lancha río abajo, hasta el primer rápido y luego por el alargado lago.
Como si fuera un cuento de nunca acabar, nuestro guía también nos indicaba que dicho rápido del río ya no existirá más, porque para el próximo año, todo lo hermoso que vemos, estará cubierto por un embalse de una hidroeléctrica.
La historia de siempre. ¿Cierto? ¿Podríamos hacer algo por cambiar el final?
PATAGONIA SIN REPRESAS
CHOSHUENCO SIN CENTRALES
RIO SAN PEDRO SIN EMBLASES
Al menos, hay que gritarlo fuerte.
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