@clausanmartini #vamospormas
¿Te acuerdas de la vez que fuimos a
Quintero? ¿Y de ese paseo por la costanera del Lago Ranco?
Han sido tantos viajes juntos que
habría que escribir mil libros para contarlos todos...
Como esa vez que tenías a nuestra
Antonia aun de 7 meses en tu vientre y recorríamos ese valle de la
Gabriela Mistral y todas las estrellas del universo que se nos
mostraban en el cielo de Mamayuca. O como no recordar ese simple
recorrido por Concepción, la casa de Tomé justo ese fin de semana
después del año nuevo que pasamos asustados en el hospital.
¿Y te acuerdas de cuando subimos al
refugio Alemán en medio de las montañas en el cajón del Maipo y la
Toñita aun dormía en su coche? Noche de fantasmas creí que fue...
tu sabes... mi escepticismo buscando las respuestas de todo...
Y apenas había pasado un año y ya
emplumábamos a Tolhuaca, con varios grados bajo cero, en pleno
terremoto blanco, pero ahí estábamos en medio de la Araucanía
invernal, en ese Lonquimay longevo que llevaba a un invierno
interminable.
Y como no recordar ese paseo por la
casa de mi hermano, allá en la Patagonia, entre los bosques del
Queulat, Puerto Cisnes, Puyuhuapi y esas termas cuando aun se
conocían poco. Allá en medio de los glaciares de San Rafael y el
interminable lago General Carrera, ese mismo prócer de este Chile
que hace unos días estábamos recordando.
Y así fueron pasando los viajes, y
fuimos y volvimos tantas veces a La Unión, a ese Lago Ranco y a
cuantas reliquias de nuestro pasado indeleble... Y cuando cruzamos el
Chacao y te asombraste de esa marea que inundaba ese humilde palafito
en Castro, que se oía en la noche y en la mañana ya había
desaparecido.
Y como si fuera poco fuimos
descubriendo esa tierra que tanto te gustaba en las letras y en la
música, cuando cruzaste por primera vez esas grandes murallas de
nieve y hielo y llegábamos a Mendoza a descubrir sus vinos, sus
parques y sus paseos en la famosa calle San
Martín. Y de un día para otro nos amontonábamos en el teleférico
en Bariloche para tratar de llegar a la cumbre del cerro Otto, como
si fuéramos de la zona. ¿Y te acuerdas del Ventisquero Negro? Ese
mismo hielo que baja del Tronador y que se va derritiendo hacia el
atlántico lejano.
Pero
aun faltaba el desierto en el norte, ese salar de Atacama, la laguna
Miscanti y el Licancabur mirándonos a su imponente enorme altura. Y
esa hermosa Punta de Lobos en Pichilemu que te invitó a montar las
olas traicioneras de este Pacífico azulado y cristalino.
Y
cuando parecía que se habían terminado los destinos, nos escapamos
a Buenos Aires, a recorrer ese Caminito que nos hizo bailar el tango
de nuestro idilio en pleno San Telmo.
Y
entonces apareció San Martín de Los Andes y el paso Hua-Hum y el
Pirihueico y como un paraíso perdido aparecía el Panguipulli
alimentado por ese río Fuy que te enseñó a navegarlo por esas
aguas blancas de bosques y deshielos. Y en esa misma playa de
Choshuenco, donde Francisco aprendió a hundirse en este verano de
nuestro ensueño, donde ahora celebramos un viaje más y un año
más, construyendo este futuro y este presente interminable...
¿Cómo
no recordar tantos paseos juntos en estos 10 años?
¿Que
se nos puede venir ahora?
Creo
que aun nos queda mucho más mundo por recorrer...
¿Vamos
por mas?
Te
Amo. Gracias por estos 10 años de aventuras.