lunes, 6 de enero de 2014

¿Vamos Por Más?

@clausanmartini #vamospormas

¿Te acuerdas de la vez que fuimos a Quintero? ¿Y de ese paseo por la costanera del Lago Ranco?
Han sido tantos viajes juntos que habría que escribir mil libros para contarlos todos...
Como esa vez que tenías a nuestra Antonia aun de 7 meses en tu vientre y recorríamos ese valle de la Gabriela Mistral y todas las estrellas del universo que se nos mostraban en el cielo de Mamayuca. O como no recordar ese simple recorrido por Concepción, la casa de Tomé justo ese fin de semana después del año nuevo que pasamos asustados en el hospital.
¿Y te acuerdas de cuando subimos al refugio Alemán en medio de las montañas en el cajón del Maipo y la Toñita aun dormía en su coche? Noche de fantasmas creí que fue... tu sabes... mi escepticismo buscando las respuestas de todo...
Y apenas había pasado un año y ya emplumábamos a Tolhuaca, con varios grados bajo cero, en pleno terremoto blanco, pero ahí estábamos en medio de la Araucanía invernal, en ese Lonquimay longevo que llevaba a un invierno interminable.
Y como no recordar ese paseo por la casa de mi hermano, allá en la Patagonia, entre los bosques del Queulat, Puerto Cisnes, Puyuhuapi y esas termas cuando aun se conocían poco. Allá en medio de los glaciares de San Rafael y el interminable lago General Carrera, ese mismo prócer de este Chile que hace unos días estábamos recordando.
Y así fueron pasando los viajes, y fuimos y volvimos tantas veces a La Unión, a ese Lago Ranco y a cuantas reliquias de nuestro pasado indeleble... Y cuando cruzamos el Chacao y te asombraste de esa marea que inundaba ese humilde palafito en Castro, que se oía en la noche y en la mañana ya había desaparecido.
Y como si fuera poco fuimos descubriendo esa tierra que tanto te gustaba en las letras y en la música, cuando cruzaste por primera vez esas grandes murallas de nieve y hielo y llegábamos a Mendoza a descubrir sus vinos, sus parques y sus paseos en la famosa calle San Martín. Y de un día para otro nos amontonábamos en el teleférico en Bariloche para tratar de llegar a la cumbre del cerro Otto, como si fuéramos de la zona. ¿Y te acuerdas del Ventisquero Negro? Ese mismo hielo que baja del Tronador y que se va derritiendo hacia el atlántico lejano.
Pero aun faltaba el desierto en el norte, ese salar de Atacama, la laguna Miscanti y el Licancabur mirándonos a su imponente enorme altura. Y esa hermosa Punta de Lobos en Pichilemu que te invitó a montar las olas traicioneras de este Pacífico azulado y cristalino.
Y cuando parecía que se habían terminado los destinos, nos escapamos a Buenos Aires, a recorrer ese Caminito que nos hizo bailar el tango de nuestro idilio en pleno San Telmo.
Y entonces apareció San Martín de Los Andes y el paso Hua-Hum y el Pirihueico y como un paraíso perdido aparecía el Panguipulli alimentado por ese río Fuy que te enseñó a navegarlo por esas aguas blancas de bosques y deshielos. Y en esa misma playa de Choshuenco, donde Francisco aprendió a hundirse en este verano de nuestro ensueño, donde ahora celebramos un viaje más y un año más, construyendo este futuro y este presente interminable...
¿Cómo no recordar tantos paseos juntos en estos 10 años?
¿Que se nos puede venir ahora?
Creo que aun nos queda mucho más mundo por recorrer...
¿Vamos por mas?


Te Amo. Gracias por estos 10 años de aventuras.