lunes, 8 de febrero de 2010

Caminos Privados, Semana Primera

Ya es domingo 7 de febrero, a una semana de la salida de Santiago. Bajo una lluvia prominente creo que es conveniente hacer un alto y contar algunas cosas que han pasado.

Luego del caudal del río Fuy, creía que no había nada más que hacer. El torrente de las aguas que vacían al lago Pirihueico, sus rápidos blancos y entornos verdes y azulinos, también mojaron mi mañana del miércoles. Sin duda una experiencia exquisita que nos enseña la fuerza de la naturaleza y de sus innumerables bondades y bellezas. Triste, sin embargo, se volvió el paseo cuando de boca de los mismos guías se nos explicaba que probablemente este sea uno de las últimas bajadas del año, debido a una central hidroeléctrica que se instalará en favor de unos cuantos, en desmedro de quienes aquí habitan y de quienes adoramos estas maravillas, así tal cual como están.

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Por la tarde salimos a recorrer algunos lugares, orillando el río Enco, único desagüe del Panguipulli y para nuestra sorpresa nos encontramos con un aviso que señalaba: “Camino Privado, No pasar”. Claro, las mejores vistas y las bajadas a dicho río ahora pertenecía a una de esas familias dueñas de medio Chile. A pesar de todo realizamos un pequeño picnic, a orillas de un estero blanquecino que bajaba del volcán  Choshuenco y que seguro traía el deshielo de su gran glaciar.

Casi oscureciendo me avisaron que el jueves temprano ascenderíamos el volcán, desde la reserva del Huilo Huilo, por otro “Camino Privado”. Curioso, por decir lo menos, ya que este hermoso volcán doble pertenece a una reserva nacional. Sin embargo, para acceder a él tenemos que pagar y hacer uso de un “Camino Privado” a manos de un “emprendedor” que posee más de 100 mil hectáreas de bosques, ríos, animales, comunidades y quizás cuanta cosa más.

A las 8 AM estábamos por sobre el límite de la vegetación a unos 1200 metros sobre el nivel del mar (msnm) y en la ladera este del volcán. Un sendero sencillo de una hora aproximadamente nos llevaba al primer refugio a 1700 msnm más o menos. En ese momento, sólo se podía ver nieve y nubes ya que el clima comenzaba a empeorar. Nos pusimos los crampones para la escalada. Debíamos sortear la gran lengua de hielo que baja desde la cima. El guía y una pareja de Santiago éramos los únicos 4 porfiados por tratar lo imposible. Equipados con todo lo necesario comenzamos a subir hasta aproximadamente los 2000 msnm en zigzag.

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Casi al medio día, nuestro guía nos indica que tendremos que bajar. El viento blanco no nos dejaba ver a más de 10 metros de distancia y los puntos de referencia se estaban borrando. Sólo nos faltaron 400 metros, algo así como 1 hora y media de caminata. El clima decidió que hoy no veríamos la cumbre. Aún cuando era pleno febrero, la montaña nos ofrecía un clima diferente, con varios grados bajo cero, vientos huracanados, mucha nieve y hielo.

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Bajando el esquivo macizo divisamos a lo lejos el poblado de Neltume, el lago del mismo nombre y el serpenteante lago Pirihueico. Más abajo, los saltos del Huilo Huilo que fueron forjados por las inclementes erupciones y el horadar del agua eterna.

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Finalmente, y a pesar del tiempo malhumorado, nuestro último día en Choshuenco (Aguas Amarillas) fue de kayak y de descanso.

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Antonia disfrutó de unos momentos al mando de la embarcación y Panchito enamorado de las piedrillas de la orilla del Lago, aunque siempre mucho más enamorado de Mamá.

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Para terminar la semana, nos quisimos esconder en el final de estos siete lagos, justo donde nace el Río San Pedro, en el desagüe del Riñihue. Un pequeño paseo en lancha río abajo, hasta el primer rápido y luego por el alargado lago.

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Como si fuera un cuento de nunca acabar, nuestro guía también nos indicaba que dicho rápido del río ya no existirá más, porque para el próximo año, todo lo hermoso que vemos, estará cubierto por un embalse de una hidroeléctrica.

La historia de siempre. ¿Cierto? ¿Podríamos hacer algo por cambiar el final?

PATAGONIA SIN REPRESAS

CHOSHUENCO SIN CENTRALES

RIO SAN PEDRO SIN EMBLASES

Al menos, hay que gritarlo fuerte.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Caudal de emociones

Llueve a cantaros sobre Choshuenco. Como si la indomable naturaleza se encargara de recordarnos cómo se desangra el cielo por estos lados. Antonia y Panchito navegan por los dulces y misteriosos rincones de los sueños, llenos de princesas encantadas y piratas aventureros. Gerardo, como buen sureño, enciende el fuego de la pequeña combustión que tempera las paredes de la cabaña que nos refugia del aguacero.

Nuestro segundo día en este paraíso fue de contrastes. El día nació bajo un sol majestuoso, regalándonos unos breves rayos antes de esconderse tras las nubes que llegaron por la tarde. A pesar de mi sueño a sobresaltos, fui la primera en levantarme. Nerviosa, preparé el desayuno. Gerardo, adivinando el temor que calaba mi pecho, me acompañó en el ritual previo a lo desconocido. Cauteloso y aprehensivo, no dejaba de decirme que estuviera siempre atenta a las indicaciones del guía. “En estas situaciones, tomar la iniciativa no es una buena idea”, me dijo con sus ojos llenitos de inquietud. Obediente, tomé mi bolso y me fui al punto de encuentro. El paisaje era variopinto. Algunos ya tenían experiencia en bajadas de ríos. Cabe de mencionar a uno que había participado en varias competencias con 20 años menos que yo en el cuerpo. Parejas sumando adrenalina a una romántica luna de miel y un simpático cincuentón con ganas de añadir emoción a su hoja de vida. Cristian, nuestro guía, nos entregó el equipo necesario: Un traje de goma, tan apretado que amenazaba con cortarme la circulación, un coqueto cortaviento azul y zapatos de goma que hacían de una pequeña caminata una dolorosa experiencia (Las piedras casi se tatuaban en la planta de los pies).

Una camioneta se encargó de dejarnos a orillas del Río Fuy, antes que un problema en el embrague la dejara sin vida. Unos improvisados camarines (Matas, helechos y una que otra nalca) sirvieron de escenario para el cambio de vestuario, mientras el río nos miraba. Después de una detallada charla de seguridad, que explicó en detalle desde la toma del remo hasta qué hacer en caso que la balsa se dé vuelta (Nadar imposible, sólo flotar y dejarse llevar en una batalla incesante contra las rocas), nos lanzamos al torrente. El comienzo no fue nada auspicioso. Nada si piensan que una balsa es lo bastante pesada para llevarla en andas entre cinco pelagatos, entre ellos dos mujeres: Eliana, argentina de Misiones, y yo…  A duras penas levantamos nuestro acuático transporte para trasladarlo hacia un sendero que tenía un pequeño botadero de madera. Ahí, la balsa se deslizó suavemente hacia las gélidas aguas del Fuy, y con ella nosotros, muertos de frío y tratando de mantener el equilibrio con las célebres  botitas. Los tábanos, inusuales y molestos visitantes para esta época del año, nos hacían la tarea más difícil, colándose por los rincones más insólitos (Boca incluida).

Por fin, nos subimos a la balsa. Respirar no pude. No hubo tiempo. El primer rápido estaba ante mis ojos. Mis manos apretadas contra el remo penetraban insolentes el enojo del torrente. “Adelante fuerte, vamos…”, nos gritaba Cristián desde su puesto detrás de nosotros. Furioso, el Río Fuy nos empujaba de un lado a otro, hacia arriba y abajo, vengándose de nuestro atrevimiento. Estaba sin aliento. El agua me golpeaba la cara, el cuerpo, el alma. Pequeña ante la inmensidad de los cerros que nos arrinconaban a su paso.  Mis brazos no atendían el llamado del cansancio. Sólo remaban. La balsa serpenteó airoso los dos primeros rápidos. El “Hoyo de Mike” nos esperaba. No piensen mal. Los guías le pusieron ese nombre al tercer rápido, en recuerdo de un gringo, Mike, que voló por los aires, con balsa y todo, dando varias vueltas de campana, antes de caer de lleno al agua, ante la mirada atónita de pasajeros y guías.Sorteamos con éxito nuestro tercer tramo. Cuenta la leyenda que un sector del circuito era utilizado por animales para atravesar el río. Hasta que un enorme toro tuvo la mala suerte de ser arrastrado por el torrente. “La Bajada del Toro”, como bautizaron ese sector, es el rápido más difícil por la altura y la corriente. La azulina figura de nuestra balsa simplemente desapareció en medio del torrente, con ocupantes incluidos. “Es el fin”, pensé y me sentí como Syd el Perezoso de “La Era del Hielo”. Por fin, el río nos dio un pequeño respiro, antes del remate. En la recta final dejaríamos nuestros agrietados remos para lanzarnos a las correntosas aguas del Fuy. La vida se compone de un torrente de vivencias y emociones. Imaginen sentir todo eso en un segundo, enfrentados a un caudal que amenaza con llevarte consigo, de no mediar por mi salvavidas y mi mano firmemente agarrada a una cuerda. Felicidad, miedo, angustia, ahogo, euforia, más ahogo. Mantener los ojos abiertos y la boca cerrada fue imposible.

Con la ayuda del guía, subí a la  balsa. El violento caudal paulatinamente se tornó amigable y sereno. Lentamente nos acercamos al Lago Panguipulli, fin de nuestro viaje. Ahí me esperaba la hermosa playa de Choshuenco, con sus cálidas arenas. Me esperaban Antonia y Panchito, que no dejaron de preguntar dónde estaba mamá. Y estaba Gerardo, con sus ojos ahora llenitos de alivio al verme llegar. “¿Cómo estás?”, preguntó. “BIEN Y MAS VIVA QUE NUNCA” .

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lunes, 1 de febrero de 2010

Choshuenco 2010, día cero.

Nuevamente, acá. Como si quisiéramos repetir la historia. Un poco más de 1000 km desde casa, aparcamos en este recodo del mundo que nos amenaza con un mal tiempo de esos que conocemos. El viaje desde conce fue tranquilo aun cuando el gentío era inmenso y las colas largas. Pero nadie viene a Choshuenco… al menos hasta ahora.

Llegamos a eso de las 8 PM a esta cabaña de madera y en medio del silencio del panguipulli. Y mañana… el río Fuy para la aventurera de la Claudia. Grado 4 dicen los expertos (de 1 a 6 se clasifican los ríos para hacer rafting)… para mi, se espera una mañana de niños queriendo el desayuno y los preparativos para el único día despejado de la semana… veamos como trata este sinuoso río a la Clau y como se desarrolla este esquivo clima del sur del mundo.

Día cero, comienza la aventura.

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