domingo, 31 de enero de 2010

Antonia, a propósito de tu Cumpleaños…

ANTONIA:

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Naciste ese día, cuando el sol y nuestras vidas se juntaron. En esa salita verde donde te vestí por vez primera y entre tantas luces extrañas, abriste tus hermosos ojos y fuiste a mí a quién viste. Como si me hubieses reconocido, se calmaron tus sollozos del nacimiento y entonces te abracé. Te besé y te llevé donde tu madre que despertaba del sueño mágico.

Y desde entonces fuiste llenando mis espacios y te encargaste de unir al mundo en tu amor inmenso. Iniciamos este hermoso viaje hacia tu niñez enseñándonos lo esencial de la vida. De a poco fuiste avanzando y creciendo con la generosa leche de tu mamá y fuiste compartiendo eso que trajiste desde el cielo, repartiéndolo a cada uno de los que te amamos.

“Gracias” fue la primera palabra que aprendiste. Gracias por cambiarte los pañales, por alimentarte… Y somos nosotros los que te debemos las gracias por haberme elegido tu Padre y por haber elegido a la mujer que amo, como tu madre.

La música ha sido tu gran compañera que desde muy pequeña aprendiste a bailar, incluso antes de caminar. Tu voz suena por la casa entonando hermosas melodías e incluso los ruidos de la calle, el sonido de pájaros, ruidos extraños y hasta canciones hechas por ti…

Te encantó el mar y la nieve, los pájaros y los árboles, y siempre has odiado a las moscas y los insectos. Amas el viento y la arena, las olas del mar y la playa y en especial la del Quisco, donde vive tu abuela homónima. Y también te gustan las gallinas y las empanadas; esas que tan bien prepara tu tío de Til Til y que te gusta tanto compartir con Tu abuela Chali.

Eres bien chilena para el dieciocho, porque amas también el zapateo de una buena cueca y no te molesta en lo mas mínimo vestirte de huasita. Y también con la mejor de tus delicadezas, ante el Cónsul de España firmaste un bello sol, en el acta que te hacía española.

Caminaste en la casa de tu tata a penas habías cumplido el año y en La Unión hablaste con tu abuelo que está en el cielo.

Eres la reina que viste de princesa y que ama el rosado y el púrpura.

Plantaste tu primer árbol y sembraste en todos nosotros una huella imborrable.

Fuiste el pilar fundamental cuando Panchito se enfermó y fuiste el soporte emocional que necesitábamos cuando dejamos partir a tu segundo hermanito o “bebé nuevo”, como lo llamabas.

Juegas conmigo, con Panchito, con tus amigos. Vives la vida tan intensamente y que se refleja en cómo amas todo lo que haces. Cuando escribes en tu pizarra o cuando ves una película mil veces o cuando te despiertas a media noche y en silencio me buscas y me abrazas… diciendo, “no te preocupes papito. Duerme tranquilo que yo te cuido”.

Ya han pasado 5 años y no hay palabras para decir cuanto te amamos.

Porque te amamos cuando me retas y te enojas, cuando me dices lo que tengo que hacer y cuando me preguntas algo importante. Te amamos cuando nos cuentas un cuento y cuando me pides que te dé la comida. Cuando me pides que te regale un juguete, cuando me dices papito y cuando duermes conmigo. Cuando besas a tu hermano, cuando lo retas y lo corriges. Cuando bailas y cuando cantas.

Te amamos cuando te pones triste porque te retamos. Cuando me dibujas en un papel blanco con barba y una corona de rey. Cuando me has ido a buscar al trabajo y cuando te vamos a buscar al Jardín. Te amamos cuando dices que quieres ir a la playa, a la casa de La Unión, cuando quieres ir de camping y cuando quieres ir a tus clases de ballet.

Te amamos porque eres el sol que nos ilumina, porque eres la luz del milagro que siempre soñamos.

Feliz Cumpleaños.