viernes, 18 de septiembre de 2009

Los Hielos de San Rafael

Cuando La isla de Chiloé se termina hacia el sur, aparece el Golfo del Corcovado. Temido por sus aguas traicioneras, es conocido por hacer respingar a las embarcaciones que se aventuran a cruzarlo. Más al sur, en las Guaitecas, aparecen no una y miles, sino millones de islas y canales que van interrumpiendo el navegar y que no terminan de interponerse hasta el paso de Drake, cuando se acaba el continente, un poco más al sur del estrecho de Magallanes. Islas verdes y lluviosas rodeadas por aguas calmas y profundas. He tenido la suerte de recorrer varios de dichos canales y aunque se ven profundamente despoblados, hubo una época no muy lejana en que en se podían ver en las radas y playas las canoas de los nómadas del sur.

imageJusto en esta agua, se enmarcaba una nueva travesía en familia sobre un catamarán. Ese mismo que se nos había hundido, por falta de quórum, se había reflotado en gloria y majestad. El tour que habíamos contratado nos subió a otra embarcación que hacía el mismo recorrido y en la misma fecha. Para nuestra suerte, el catamarán que nos tocó tenía pensión completa y con bar abierto… Qué lastima… ¿cierto?.

A las 7 de la mañana estábamos a las afueras del muelle en Puerto Chacabuco, esperando que nos dejaran subir al bote. Con Antonia en brazos, un coche para darle sus comidas, la pechuga de mamá y harta ropa para el frío. La travesía se iniciaba en el fiordo Aysén y se adentraba hacia el oeste hasta el Canal Moraleda que viene desde el norte y se divide en dos canales hasta llegar al Golfo Elefantes frente al istmo de Ofqui, justo donde desemboca el río Témpanos que desagua los torrentes helados de la Laguna San Rafael, ahí donde nace la inmensa Península del Taitao.

navegando

Justo debajo de esta agua yace en el fondo marino la gran falla Liquiñe-Ofqui, responsable de la gran erupción del Hudson en el 1991, el terremoto y maremoto de Aysén del 2007 y la tan conocida destapada del Volcán Chaitén. No es malo “googlear” estas anécdotas geográficas de nuestro país, de vez en cuando.

El clima no nos acompañó mucho. Llovía un poco y las islas verdes más bien se veían un tanto grises. Olvidaba que en esta zona de Chile llueve más de 4000 milímetros al año. Algo así como 20 veces más de lo que llueve en Santiago. Para hacerse una idea, esta cantidad de agua significa que cada día llueve más de 10 milímetros en promedio, en resumen… mucha agua.

A paso lento se adentraba a los canales y nosotros a tratar de explicarle a Antonia que estábamos sobre un barco y sobre el mar. No era de sorprenderse que fuéramos los únicos que teníamos como lengua materna el español. Y eso que estábamos fuera de temporada. Los turistas eran todos sacados de un hotel de las cercanías y parece que andaban todos juntos, en una especie de “delegación”. El más joven debió haber tenido unos 60 años, aunque hay que reconocer que parecían unos niños chicos con la euforia que tenían. Evidentemente había que hacerse de “amiguis” con el barman y con el moso que nos traía los manjares de ese barco. No había que hacer mucho esfuerzo, porque la atención era de primera. Me atrevo a recomendarles: http://www.catamaranesdelsur.cl/

catamaran

A duras penas nos atravesamos el filete a la no se qué, mientras Antonia almorzaba un rico colado. En ese mismo instante y dada nuestra obvia lentitud para almorzar, estábamos navegando por el río Témpanos que de a poco nos iba mostrando lo que se veía. Manchones blancos por doquier se observaban a la entrada de esa gigante laguna (123 m2, algo así como el lago Puyehue) y que cada vez iban creciendo de tamaño. Al fondo y a varios kilómetros de la entrada se observaba un manchón blanco, azulino y gigante que derramaba sus hielos al agua. El gran glaciar baja desde las montañas del San Valentín en la parte más septentrional de los campos de hielo norte y aunque se les llamen hielos milenarios, el whiskey que te sirven tiene hielos de unos cuantos cientos de años, nada más. Es común escuchar sobre los hielos eternos, sin embargo, ya se sabe que dichos glaciares se formaron gracias a las altas cumbres elevadas por derivas continentales y movimientos de placas tectónicas hace varios milenios y si bien, el hielo comenzó a juntarse desde aquel tiempo, el período que reside una molécula de agua desde que cae como nieve de las nubes y hasta que llega al mar en forma de ventisquero, no dura más allá de 100 años.

Glaciar 

El glaciar evidentemente está retrocediendo. Se observa en las paredes de la roca las marcas de niveles antiguos que datan de no muchos años atrás. El guía algo mencionaba sobre el cambio climático y los gases de efecto invernadero. Me acordé de la verdad incómoda de Al Gore. (http://www.climatecrisis.net/)

Mientras pensaba en lo poco que hacemos para revertir esta situación en el mundo, había que arroparse y ponerse el salvavidas. Los tres nos subiríamos a un bote para acercarnos lo más posible a la gran muralla de hielos. El pequeño bote serpenteó entre grandes témpanos de colores azulinos y verdosos. Con una mano sujetaba a Antonia que no paraba de llorar porque no le gustó el color de su chaleco flotador, y con la otra sacaba un par de fotos. Sólo unos minutos duró el recorrido para luego volver al catamarán. Y ahora empezaba el bajativo. La mejor parte.

tempanos

Aproximadamente una hora estuvimos en esa laguna, sacando fotos y mirando cómo la naturaleza nos asombraba a cada instante. El día se despejaba y el frío de los canales dio paso a una cálida tarde primaveral. Entre bailes y tragos se fue la tarde, conversando con un barman y pensando en la próxima aventura hacia el norte de esta inexplorada y escondida región.