La primera jornada, no mucho que decir. Una salida apurada de la pega, el auto rebosante de bultos esperándome y todos listos, emplumando hacia Chillán, solo para dormir. Una ruta conocida, con poco más de 400 km de viaje en casi 5 horas incluido el periplo para la leche, el “sanguche” y el pipí respectivo.
Temprano luego de un desayuno sencillo, saliendo del Hotel Alicante (Salida Norte de Chillán), enfilamos nuevamente hacia el sur con destino Choshuenco.
Primera parada Panguipulli, para una rica pizza de almuerzo y luego los restantes 50 km de camino totalmente pavimentado hasta nuestro querido balneario.
Llegando nos esperaba la cabaña de la foto, con un segundo piso plagado de camas. A tres cuadras de la playa y del costado este del lago Panguipulli, Región de Los Ríos.
Lo primero fue la playa, el agua, el calor, el bloqueador solar y meterse al agua una y mil veces. Bueno, eso mientras mamá saboreaba el placer de la adrenalina bajando el río Fuy en una sencilla balsa inflable comandada por unos remos poco cautos y sobre aguas verdaderamente amenazantes.
Mientras los niños abrazaban el agua, planificaba la cena, compraba el carbón, los bistocos y poca enjundia para inventar el comistrajo. O sea, parrilla todos los días.
Para variar un poco hoy domingo quisimos hacer algo diferente: Un Picnic a orillas de algún río camino hacia Enco (orillando el Panguipulli, por su rivera este hacia el sur, aprox 20 km). A poco andar se nos cruzó en medio del camino una pequeña gigante conocida como araña pollito (Grammostola rosea). Obviamente tuvimos que detener el auto, sacarle un par de fotitos y esperar que pase la perla.
Obviamente Antonia no se quiso bajar del auto. No me sorprende. Panchito algo balbuceaba entre la araña y el rayo macqueen y de la cabaña de “chovengo”. Al final, un rio pequeño (Río Huichalafquén) con aguas cristalinas y una pequeña rivera bajo algunos árboles y un hermoso Martín Pescador (http://es.wikipedia.org/wiki/Megaceryle_torquata) que no alcancé a fotografiar.
Huevos duros, pollo cosido con tomates, queso de campo, un buen vino y harto tiempo para esperar como la tarde se iba desdibujando sobre nosotros. A penas se escuchaba el viento entre tanta bulla en un tono celestial que emanaba del agua al irse cayendo entre las rocas. Para volver a enamorarse.
De regreso, entre nubes se dejó ver el Volcán Mocho que hace no mas de 3 años mostraba varios ventisqueros en sus laderas y que ahora yacía desnudo frente al sol implacable.
Ya mas tarde, un baño, algo de kayak, una cena reparadora, y a la cama. Hasta mañana. Me espera un rafting, más playa y luego, el segundo paseo que nos aguarda. Bariloche, Argentina.
Gracias por compartir esta hermosa aventura...abracitos
ResponderEliminarOscar