El trabajar en equipo sugiere una serie de normas implícitas que pueden contribuir al éxito de una empresa, trabajo, proyecto y objetivo cualquiera que se pretenda alcanzar.
Existe diversa literatura que explica los distintos tipos de liderazgos, las formas más comunes y modernas de administración de equipos de trabajo y que muestran ejemplos tan sencillos como un equipo de fútbol o tan complejos como un enjambre de abejas. Desde los jugadores al ejército de insectos, trabajan en equipo para lograr un objetivo común, que en definitiva, beneficia a todos por igual.
Humildemente, expongo en este texto algunos principios que de acuerdo a la experiencia, he puesto en práctica:
1. Objetivo Común: Un equipo o un grupo de personas se unen para lograr un objetivo claro. Lo primordial e inicial es tener claridad de qué es lo que se quiere lograr. Este objetivo puede ser común para todos o puede surgir de un líder que logra convencer a sus colaboradores para le ayuden a alcanzarlo, siendo el fin último el beneficio para todos y no para algunos.
Un ejemplo puede ser un equipo de fútbol, que cuenta con un líder formal y en ocasiones con uno informal (la estrella del equipo, el capitán o el que acapara las imágenes de los reporteros de farándula y de las modelos de turno). Todos, incluido el o los líderes, quieren ganar el partido.
Otro ejemplo puede ser la triste historia de Hitler, quién convence a todo un pueblo para exterminar a los Judíos por el beneficio de la raza aria y de la Alemania Nazi. El objetivo se inicia en una mente malévola y logra persuadir a grandes masas para que logren dicha meta, trabajando todos juntos, aunando fuerzas.
En una empresa a veces el objetivo es llevar a cabo un proyecto y quien lo dirige puede ser el gestor y el principal accionista, por lo tanto habrá que persuadir a su grupo, a su equipo o a sus súbditos, en que todos remen en un mismo sentido.
2. Acuerdos y Comunicación: Cada miembro de un equipo habitualmente posee objetivos particulares que difieren en cada integrante. El hecho de lograr el objetivo común, mencionado en el párrafo anterior, conlleva sin lugar a dudas a la concreción de sus metas personales y particulares. Por ejemplo, el jugador de fútbol quiere lograr establecerse en una liga importante, consolidar su carrera internacional, convertirse en director técnico a largo plazo, etc. Dada la existencia de estos objetivos “anexos” de cada elemento del equipo, es indispensable entonces lograr acuerdos de todas las partes. Esto sólo se logra con un canal de comunicación fluida entre todos. Es vital para lograr concretar la meta propuesta, que cada miembro del equipo cuente con toda la información. “Todos deben saberlo todo”. Y cada uno debe conocer lo que el otro tiene que hacer. De esta forma es más fácil detectar errores que se puedan cometer. Una buena comunicación habitualmente aporta a una mejor toma de decisiones, lo que repercute en la disminución de errores y hace más eficiente el trabajo. Dos cabezas piensan mejor que una ya que automáticamente se pueden tener al menos dos puntos de vista distintos de una misma cosa.
(¿Quién se equivocó? ¿Alguien no hizo su pega? Mientras los jefes de grupo pelean entre sí, los demás miran y esperan, porque ellos sólo hicieron lo que se les dijo y un grupo no tenía claro lo que estaba haciendo el otro)
3. Distribución de Responsabilidades: El líder (Formal o informal) debe rayar la cancha. Cada integrante del grupo cuenta con tareas y con compromisos que deben cumplir y es deber del conductor señalar quién tiene que hacer qué cosa. Esta distribución del trabajo debe ser lo más equitativa posible y evidentemente dependerá de las capacidades y competencias de cada cual. El arquero es responsable de atajar y no de marcar goles.
4. Compromiso de cada Integrante: El compromiso y la lealtad son pilares fundamentales. Si todo el grupo está empecinado en concretar el objetivo, la meta estará al alcance de la mano. Esto conlleva a que exista un compromiso por hacer el trabajo que a cada uno le toca, de la mejor manera posible, ya que en la mayoría de los casos, el éxito o el fracaso de cada ente por separado repercute directamente en todo el grupo y a veces puede hacer la diferencia entre el triunfo o la muerte. El mínimo descontento de uno de los integrantes puede generar una falta de compromiso y un desinterés en lograr la meta. En este caso, el trabajo final no será el mejor y tal vez no se logre lo esperado. Es deber del líder lograr motivar a su grupo, detectando a tiempo la raíz de las desmotivaciones. Habitualmente en un equipo donde existe un buen clima laboral, es muy sencillo detectar este tipo de problemas ya que existe mayor confianza, y por ende, se simplifica la búsqueda de la desmotivación, apuntando al foco del problema. Cuando se trabaja en equipo no basta con hacer lo que nos toca y luego olvidarse del tema. Aquí se aplica la consigna que el que termina primero, ayuda al compañero.
5. Coordinación de Tareas (Conducción): Siempre es necesario que el líder se haga cargo de la conducción. El director de orquesta conoce la obra de principio a fin y sabe perfectamente cuando entra un instrumento y cuando sale otro. Y a la vez, cada músico sabe perfectamente qué nota debe emitir en cada momento. No sólo se deben distribuir los trabajos, sino también es necesario coordinar sus ejecuciones y retroalimentar a todo el grupo de los avances alcanzados.
(¿Quién tiene la culpa si pierden la carrera? ¿El que va remando?)
6. Clima Laboral: Se dice que los mejores momentos del trabajo son justamente cuando no se está trabajando. Y tiene sentido, cuando se habla de hacer lo que a uno le gusta y además pasarla bien en la “pega”. El buen clima laboral se consigue con empatía, transparencia y por sobre todo buen trato. En situaciones límite, cuando se cometen errores, en un equipo disfuncional se suele echar la culpa al responsable de dicha tarea. En un equipo unido, los errores de uno son los errores de todos, porque si hay una buena comunicación y una buena coordinación, el problema se detecta a tiempo y se aprende de él. Es más, se dice que un traspié, lejos de ser un inconveniente, se transforma en una oportunidad para mejorar el sistema. Un equipo que mantenga una buena relación, que se respeten unos con otros y que el buen trato sea la insignia del grupo, habitualmente llegará a buen puerto aun cuando se plantee objetivos titánicos.
7. Repartija de la Torta: Siempre es bueno tener en cuenta que el lograr la meta propuesta supone una recompensa. Y cuando un integrante se une al equipo plantea sus expectativas. La retroalimentación del éxito conseguido es tan gratificante como el dinero que se pueda ganar. El jugador habitualmente llora cuando recibe la copa y se siente orgulloso de ser quien es, cuando la levanta para que el mundo la vea. Sin embargo, al día siguiente cuando le pagan por ello, simplemente da las gracias. Cuando se logra la meta final, es importante que todos se vean beneficiados con ello, logrando así la permanencia del equipo en el tiempo y el crecimiento personal de cada cual.
Sinergia significa que el resultado de la suma de los esfuerzos en conjunto es mayor que la suma por separado. Una molécula de oxigeno y una de hidrógeno pueden estar presentes en el aire, sin embargo, juntas pueden producir agua, una sustancia que es mucho más que los dos átomos por separado. Un buen equipo de trabajo logrará los objetivos cuando los integrantes “trabajen en equipo”, independientemente si se trata de un partido de fútbol, una batalla, una empresa familiar o un proyecto de un jardín infantil.
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