jueves, 8 de septiembre de 2011

Tata

Llegaste así de repente, como las estrellas que se caen a la tierra en una noche de mi vida. De a poco fuiste iluminando y como que no quiere la cosa, me fuiste mostrando los senderos estelares que te precedían. Fuiste un universo al principio y una constelación al final, de esas que acompañan en el cielo y de esas que se irían dibujando en mi vida. Entonces nací a tu vida y naciste a la mía. Como un tulipán en tu jardín de retoños.

Tomaste el timón de mi barco, ese que mi Padre te heredó tan tempranamente y supiste guiarlo a pesar de las tormentas que se avecinaban.

Fuiste el guía, el guerrero, el protector, el cómplice, el compinche. Y el tiempo fue pasando, y las canas se te fueron asomando y los hijos se me fueron apareciendo.

Y te llamaron Tata. Porque no existía otra palabra más sencilla que esas dos sílabas que personificaban exactamente lo que eras y lo que seguirás siendo.

Entonces fuiste el consentidor, el regalón, el regaloneado, el abuelo cariñoso y mal criador. Y mientras mis hijos crecían más se iban pareciendo a ti, como si me hubieses parido; como si realmente tu sangre cruzara a través de mis venas delgadas.

Así como jugando, aparecieron tus 50, entre el viento y esa marea que nos recuerda Concepción. Y de ahí hasta aquí, tan sólo un simple respiro y un millón de historias que se unen en nuestros vértices, y que ramifican hacia tus entornos y mis recovecos.

Entonces eres mi confidente, yo tu consejero, tu mi intérprete, el abuelo de mis niños, el suegro de mi amada y el Papá que alguna vez se me había ido y que ahora late en tu corazón hasta el infinito y hasta el cielo.

Feliz Cumpleaños

Antonia, Panchito, Clau y Tu Flaco.

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